Testimonios orales de migrantes, historias de vida complementadas con la galería de retratos.
Cuando se quemó Canfranc, yo tenía 19 años y me quedé con lo puesto

 

  Nombre: Luisa Pueyo
Fecha de nacimiento: 15/10/2008
Tipo: Testimonios escritos

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Cuando se quemó Canfranc, yo tenía 19 años y me quedé con lo puesto`
Antonio Sánchez Casajús, único vecino de Canfranc Pueblo que conoció la villa antes del voraz incendio de 1944



CANFRANC.- Antonio Sánchez Casajús es, con sus casi 84 años de edad, el vecino más viejo del Canfranc originario, Canfranc Pueblo, y es el único habitante de la villa que la conoció antes del pavoroso incendio que en 1944 destruyó la mayor parte de las 130 casas que llegó a tener este enclave fronterizo. Las recuerda todas por su nombre y su situación, las pocas que se mantuvieron en pie, las que fueron reconstruidas y las que, años después, dieron paso a otras nuevas sin mantener, siquiera como cortesía, la vieja denominación. Esta envidiable memoria, especialmente valiosa a la hora de evocar los avatares de su pueblo, es una de las cualidades de Antonio -Toñín para sus numerosos amigos-, como también la de poseer un agudo sentido del humor y una capacidad de análisis que no ha cesado de alimentar y que demuestra que le importa y le preocupa lo que sucede a su alrededor. Él ha visto cómo Canfranc se ha ido transformando hasta ser hoy lugar sobre el que ya no pesa la amenaza de la despoblación total, aunque sea en buena medida con visitantes más o menos ocasionales, los que ocupan las segundas residencias -el cambio hacia el uso turístico ha sido inevitable- y los niños y jóvenes procedentes de diferentes puntos de España que, a través del albergue de Sargantana, disfrutan de actividades al aire libre.

Antonio subraya que en el proceso anterior de pérdida de habitantes de la villa tuvo mucho que ver el mencionado incendio del 44 porque, pese a anunciarse lo contrario, las casas, salvo alguna excepción, no se reconstruyeron, y eso que `hubo una colecta nacional para recaudar fondos que incluyó la retención del salario de un día de todos los funcionarios españoles, corridas de toros, funciones de teatro,.... Ese dinero nunca llegó a Canfranc` y del pueblo quemado sólo se recuperaron 13 casas, entre ellas la suya, Casa Manolín. Alguna de las reconstruidas ha sido derribada en estos últimos años para edificar en el solar y una fue demolida con motivo de la construcción de la nueva carretera.

El veterano vecino recuerda que `cuando el incendio, yo estaba labrando. Vine al pueblo, pero ya ni entré en casa. Me quedé con lo que llevaba encima. Tenía entonces 19 años, ya era medio viejo, pero estaba un poco más ágil que ahora. ¿Susto? No sé que decirte, ahora ya se ha pasado`. `El fuego -continúa- lo provocó una chimenea, y como eran todo casas corridas y con mucha madera, y hacía mucho viento, ardió todo muy deprisa`. A los momentos de angustia siguieron primero la esperanza por la colecta nacional y luego, una gran decepción. Ellos no querían el dinero recaudado, sino `que se reconstruyera el pueblo, pero los de Regiones Devastadas, que tenían que haberse encargado de la reconstrucción, no hicieron nada, aunque hubo cuatro o cinco empleados cobrando desde el año 44 al 63 que podían haber rehecho el pueblo. Bueno, para no mentir, he de decir que reconstruyeron la escuela, la iglesia, la vivienda del cura y otra a la que arreglaron el tejado y poco más para que alguno metiera los bichos allí`.

`Nosotros empezamos esta casa entre el 48 y el 49`, mientras la mayor parte de los vecinos `se fueron allá arriba y con el tiempo se metieron en casas que había hecho la obra sindical`. Antonio se refiere a Canfranc Estación, que en el poblado de Los Arañones, situado a 4 kilómetros, fue surgiendo ligado a la estación ferroviaria internacional. Está convencido de que `mucha gente procuró que aquí no se hiciera nada. Querían que esto desapareciera y todos se fueran para allá arriba. Esto ya empezó a ser así desde el momento en que se hizo la estación. Al principio había ferroviarios -maquinistas, obreros,?- y algún comercio, y después fue llegando más gente. Había cantidad de guardias civiles, las aduanas,?`, rememora quien conoció bien todo ese movimiento porque acudía al lugar a vender leche. Canfranc Pueblo `ya estorbaba, y empezaron los tropiezos en el Ayuntamiento,? No es que les hiciera falta más gente, es que la querían toda, llevarse el Ayuntamiento y todo. Lo consiguieron por el fuego; si no, ya veríamos si se lo habrían llevado`.

Antonio ha pasado aquí prácticamente toda su vida. El cuidado de las vacas no le ha impedido conocer otros sitios, pero los viajes han sido muchos menos de lo que hubiera deseado. `Hice la mili en Andalucía -explica-, y he estado en el País Vasco, en Francia y muchas veces en Zaragoza. Cuidar animales es una esclavitud. Hasta que tuve 30 o más años, como estaban un hermano y mi padre, yo podía disponer de tiempo. Luego, incluso me han invitado a una boda y no he podido ir. Por una necesidad, le pido un favor a alguien, pero por irme de paseo o de fiesta, no. Uno se acostumbra, es como si te ponen una vacuna, la de no poder ir a ningún lado`. Cuando vivía su mujer, Luisa, ocurría que `si se iba uno, el otro tenía que quedarse`.

Sin embargo, encontró en la lectura una gran ventana abierta al mundo. `Me gusta mucho leer y aprender. Me paso la vida leyendo: el periódico todos los días, libros de historia, que aunque viva 50 años más me parece que no los voy a acabar, alguna novela interesante,? La última ha sido El Quijote, que he leído ya no sé cuantas veces`, comenta. Esto tendrían que saberlo quienes `te ven por allí, con las vacas, y no sé por quién te toman, pero generalmente son los más idiotas. Aunque también he alternado con gente muy educada y respetuosa, como me ocurrió con un hombre que resultó ser un catedrático de Barcelona. De los otros, me río. Si me dicen algo, contesto, y si no, pienso iros a tomar por saco`, añade con su habitual franqueza.

Reconoce llevar una vida tranquila después de muchos años de trabajo, pero no puede disfrutar de toda su familia porque `me faltan un hijo y la mujer. Tuvimos dos chicas y dos chicos, y tengo dos nietas y un nieto. La familia está cerca, pero el rey soy yo`. `Lo malo -comenta- es que sabes muchas cosas que no te sirven ya. Las aprendemos cuando somos viejos, pero quizás sea mejor así. De jóvenes es mejor no saber mucho de lo que hoy sabemos porque habríamos querido cambiar las cosas. Lo aprendemos después, cuando no hay solución. Con los años, uno se tranquiliza y puede hundirse todo sin que te hagas mala sangre. Me han pasado cosas con las que parecía que se hundía el mundo. Medito hoy y veo que me tenían que pasar, que lo que me parecía un mal me ha resultado un bien`.

No obstante, hay algo con lo que no puede evitar esa mala sangre: `los políticos, porque mira que son embusteros. Muchas promesas cuando van a entrar y después, lo que han estado proponiendo unos entran los otros y se lo aplican para ellos, aunque les hayan estado llevando la contraria. Pero no les he visto nunca discutir cuando se suben el sueldo. Hace unos años me llamaron de la Universidad de Zaragoza para ver qué opinaba de la política. Les dije: llévenselos todos allí y denles un curso de sentido común`.

Luisa PUEYO