Testimonios orales de migrantes, historias de vida complementadas con la galería de retratos.
Waad Khairallah, cristiano perseguido de Irak: «Occidente debe entender que nadie, si puede, quiere salir de su país»

 

  Nombre: Ricardo Morales
Fecha de nacimiento: 18/04/2021
Tipo:

Fuente: Revista Ecclesia
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Hay historias atravesadas por la gracia, donde Dios nos da la valentía de saber identificar, en medio de las explosiones, de los tiros sonando en la madrugada, de la carestía y la pobreza, de los sueños y esperanzas rotas, que lo que se nos pide no es el martirio sino salvar la vida.

Como dice el Papa Francisco, Dios nos otorga la misión y somos nosotros los que nos tenemos que poner en camino y saber interpretar su voz en medio del ruido.

Esta es la historia de Waad Khairallah, un joven iraquí de 25 años que cruzó medio mundo hasta llegar a España con un único propósito: sobrevivir y mantener su fe en Cristo.

Hoy, gracias a la solidaridad internacional y a la Iglesia, nos puede contar su testimonio.

—¿En qué momento la vida en Mosul se vuelve imposible?

En 2014 el Daesh entró en mi ciudad. Al principio no fue diferente a lo que ya habíamos vivid con Al-Qaeda en el 2003 o durante la guerra. Llevamos casi veinte años viviendo en una situación permanente de inseguridad, de desgobierno y de falta de libertad. Al poco tiempo todo cambió. Empezaron las ejecuciones, los asesinatos, los coches bombas frente a las iglesias. Mi primo era sacerdote y lo mataron; al igual que al arzobispo de Mosul. Los terroristas iban puerta a puerta forzándonos a la conversión o a que pagásemos el impuesto revolucionario. No queríamos hacer ni una cosa ni la otra, así que nos quedamos muy pronto sin opciones.

— Sabiéndoos perseguidos y en el punto de mira, ¿por qué tu familia y tú seguíais yendo a la iglesia?

La gente se acostumbra a vivir con paz y conciencia en Dios. Nunca dejamos de ir a Misa, aunque sabíamos que podía ser nuestra última Eucaristía. En mi caso, tampoco dejé de acudir a las reuniones de jóvenes en la parroquia. El país vivía en una situación de conflicto desde hacía mucho tiempo. Si no moríamos en la iglesia podíamos morir camino a la escuela, a la universidad o al trabajo. Fuéramos donde fuéramos, sabíamos que habría disparos y violencia, así que lo dejábamos en manos del Señor.

—¿En qué momento decidís abandonar Irak?

Cuando no vemos otra salida. A finales de 2014 nos trasladamos la familia a Kurdistán. Allí estuvimos dos años. El 30 de mayo de 2016, mi hermano y yo viajamos a Turquía y después a Grecia. Al principio buscamos pateras que nos pudieran llevar más cerca de nuestro objetivo, Alemania y Holanda, donde teníamos familiares. Pero nada de eso salió bien así que estuvimos tirados en la calle durante dos meses mientras esperábamos a que se tramitase nuestra solicitud de asilo como refugiados.

Última imagen tomada desde el vehículo por Waad antes de salir de Mosul, su ciudad natal

 

—¿Cómo fue la llegada a Grecia?

Dura. En los días en los que llegamos cerraron las fronteras. Nos sentimos desvalidos. Hubo organizaciones y asociaciones que nos tomaron el pelo prometiéndonos que nos cuidarían todo aquel tiempo, dándonos un techo donde vivir hasta que se resolvieran los papeles para tener estatus de refugiados, pero lo cierto es que nada de eso pasó y estuvimos viviendo de la caridad de los voluntarios para comer. Solo teníamos eso.

—¿Cómo eran las personas que os acompañaron?

Dormíamos en la calle con otras 5.000 personas en una situación similar a la nuestra. Venían de todas partes: Siria, Líbano, Irak… Te encuentras de todo. Hay gente profundamente agradecida con el país que les acoge. En todos los lugares hay buenas personas con las que puedes contar y que te ayudan en el día a día. También están los que siempre se quejan, que no valoran el papel de los voluntarios, que están dedicando su tiempo para atenderlos. También los que tienen un odio a Europa muy profundo pero que están ahí, pidiéndoles una oportunidad para empezar de nuevo. Es una contradicción muy complicada.

—Durante todo ese tiempo, de incertidumbre, lejos de vuestra tierra, en una situación de tanta vulnerabilidad, ¿qué se os pasaba por la cabeza?   

Es como la lotería, ¿sabes? En Irak no sabíamos en qué momento nos iban a matar. Y en el camino tampoco sabíamos qué nos podía ocurrir. O bien llegamos a Europa, o morimos. Ya está. Mi hermano y yo teníamos muy claro que era jugarse la vida por la propia vida. Volver atrás no era posible, así que no tocaba otra más que seguir adelante. Estábamos concienciados de que tocaba luchar y sufrir. Nada viene fácil en esta vida.

—¿Cuál es la situación de tu familia?

Gracias a Dios, salvo una tía y una hermana que siguen en Irak, la mayoría están fuera. Tengo primos y tíos en Estados Unidos, Canadá, Australia, Alemania u Holanda. Desde hace cinco meses mis padres están en Mallorca, con nosotros.

Ha sido un proceso difícil porque les denegaron el asilo en repetidas ocasiones pero, al final, la Audiencia Nacional nos dio una sentencia favorable y estamos juntos. Ahora están intentando integrarse en la vida de aquí.

—¿Cómo fue el viaje hasta llegar a España cuando os enteráis de que vais a ser acogidos?

Íbamos varias personas de Irak. Nos repartieron por la geografía española. A mi hermano y a mí, junto a otros cuatro jóvenes, nos tocó venir a Mallorca.

Waad en Mallorca, donde fue ayudado por el párroco de Can Pastiga y por la diócesis

 

—¿Cuál es la realidad de un  refugiado?

No es fácil. Trámites como alquilar una casa o encontrar trabajo es casi imposible por la falta de confianza o por desconocer el idioma. Yo entiendo esta situación de recelar de los refugiados y más cuando ves en el telediario lo que algunos hacen al llegar a Europa. Todo cambió gracias al párroco de Can Pastiga, en Mallorca, quien nos habilitó la casa parroquial para que pudiéramos vivir allí. Él confió en nosotros sin pedir nada a cambio. Tengo claro que fue la mano de Dios la que nos ayudó en ese momento. Desde entonces la diócesis ha estado apoyándonos, pendientes de cualquier cosa que necesitásemos.

—¿Cómo es tu día a día ahora?

Trabajo en una agencia de viajes, aunque ahora estoy en ERTE. Colaboro también con la ayuda a migrantes, personas de la calle y como traductor de árabe para Cruz Roja. Ellos nos han ayudado mucho durante nuestros primeros seis meses en Mallorca, hasta que conseguimos algo de independencia y tener los mimbres para construir poco a poco de nuevo nuestras vidas. Mi permiso como refugiado caduca pronto y he solicitado la nacionalidad española.

Aunque el Papa haya visitado Irak, la realidad y los problemas de  seguridad no han cambiado.

—¿Cómo ves el presente y  futuro de tu país?

Los intereses políticos se han mostrado para la clase dirigente mucho más importantes que la búsqueda del beneficio para la gente de a pie. Aunque el Papa haya visitado Irak, la realidad y los problemas de  seguridad no han cambiado. No puedes confiar en volver a Mosul como antes. De un día a otro, las cosas cambiaron. Nuestros vecinos y conocidos entraron a robar en nuestras casas. Nos robaron. Habíamos vivido muchas cosas, pero no nos podíamos imaginar que el Daesh nos iba a echar de nuestra casa. La visita del Papa puede conseguir algo a corto plazo, pero tampoco puedes garantizar que los cristianos vayan a vivir protegidos para toda la vida.

—Precisamente te quería preguntar por la visita del Papa Francisco a Irak

Ha sido un gran consuelo. Los cristianos en Irak, siendo minoría, necesitábamos a alguien que viviese nuestra realidad de verdad, que viese en qué condiciones estamos. El ver cómo vive la gente es lo que verdaderamente transforma. La visita del Papa dijo al mundo entero que los cristianos no son olvidables.

Dio una versión de que la Iglesia reza, apoya y desea lo mejor para este pueblo, y remarcó la necesidad de cuidar el rito caldeo.

—En España, país de migrantes el siglo pasado y país de acogida ahora, hay un debate abierto sobre la atención a las personas que vienen a granjearse un futuro. ¿Cuál es tu opinión respecto al trato que se os está dispensando?

Yo no puedo juzgar a nadie. Creo que hay que abrir las puertas a las personas que están huyendo de la barbarie. Pero como decía antes, entiendo también la versión de aquellos que rechazan a los que cometen delitos aquí. Estos últimos son profundamente desagradecidos. Pero aun pasando esto, por las fechorías de unos pocos no podemos pagar todos. Europa, Reino Unido y Estados Unidos deben entender, después de la intervención en Irak, que nadie, si puede, quiere salir de su país. Yo tenía un hogar y un futuro en mi país. Y con la guerra me lo arrebataron. Si hubiéramos tenido la oportunidad, nos habríamos quedado. España, como otros países europeos, le están dando opciones a miles de personas para que puedan tener una vida digna.

—¿Cómo ves la fe en Europa?

En Irak, al vivir la fe en una pequeña comunidad, nos sentimos fuertes. Sufrimos, pero con alegría porque no olvidamos la pasión de Cristo. Nunca vamos a llegar al nivel del Crucificado, pero podemos ir cargando nuestra cruz día a día. Aquí hay muchas posibilidades de vivir la fe sin ningún conflicto, pero resulta que la fe es débil. Nosotros vivíamos al servicio de la comunidad. Si había un atentado en una iglesia o pasaba algo con nuestro templo, el número de fieles que se volcaban para reconstruirla o apoyar en lo que hiciera falta, se multiplicaba. Tanto aquí como allí,  no hay que cansarse en la tarea de la evangelización sino que hay que seguir luchando.

—Para ti y los tuyos, ¿cuál es el siguiente paso?

Siempre doy gracias al Señor por estar aquí. Estoy contento. Veo que estoy consiguiendo cosas. En esta vida no hay casualidad, sino su voluntad. Hoy estoy bien. Mañana no sé lo que puede pasar. Voy a confiar y dejar todo en manos de Dios.