Testimonios orales de migrantes, historias de vida complementadas con la galería de retratos.
Mª Teresa Lasheras y Basilio Mené

 

  Nombre:
Fecha de nacimiento: 22/04/2009
Tipo: Testimonios escritos

Fuente: http://www.diariodelaltoaragon.es/
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RECUERDOS DESDE UN MAYO DE 1968

LAS lluvias, como casi siempre, se hacen de rogar en las resecas tierras monegrinas. Es mayo de 1968. Han terminado de comer y, como es habitual, María Teresa y su marido Basilio se toman su nostálgico pastis mientras en el tocadiscos suena la voz inconfundible de Charles Aznavour. Mª Teresa devora los periódicos buscando la confirmación de las noticias que sus muchos amigos franceses le han relatado telefónicamente: en la conservadora y convencional Francia gaullista, los estudiantes se proponían reinventar una nueva sociedad, hastiados de la rica, mediocre y alienante estabilidad en la que viven. Han tomado las calles de París e incendiado numerosos coches que utilizan como barricadas. Lanzan proclamas en contra de la sociedad de consumo, de la competitividad salvaje, del aburrimiento... Mª Teresa, siempre anhelante de los vientos de libertad, está, sin embargo, un tanto perpleja: no entiende exactamente las reivindicaciones de estos bien nutridos y lustrosos jóvenes que han podido formarse, sin mucho esfuerzo, en la Universidad. Por otra parte, ¿qué comunión de intereses une a estos estudiantes, que reniegan de sus padres y aspiran a estar libres de ataduras terrenales, con los diez millones de trabajadores que se han sumado a la algarada en una huelga general? Mª Teresa se hace mil preguntas. Su tranquila vida en su pueblo natal, Alcubierre, un pequeño lugar alejado de los centros decisorios, no le impide escrutar con su conciencia crítica y social, y con su notable inteligencia, los nuevos tiempos. Avizora los primeros signos de avance de las libertades en la triunfalista España del desarrollismo de los tecnócratas, en la España de fuerte crecimiento económico y exigua libertad. Mª Teresa, sin embargo, no alberga esperanzas de que el cambio económico se corresponda con un cambio político. No se deja engatusar con las elevadas tasas de crecimiento e intuye, muy pronto, la utilización que los tecnócratas harán de esas cifras de cara a la legitimación del régimen político. Por otra parte, su larga vida le permitirá contemplar los elevados costes sociales que comportaron estas medidas: entre otras, la emigración al exterior en busca de trabajo. De hecho, algunos de sus convecinos recalaron en Francia, como ella misma y su marido habían hecho treinta años antes, aunque por diferentes motivos...

¡Oh, Francia, Francia, siempre presente en el recuerdo de Mª Teresa y Basilio!

¿Qué estará pasando realmente en el país galo en ese mayo loco y seco? Ella recuerda otros mayos en Francia, desfilando en las manifestaciones de primero de mayo con gran entusiasmo y fe ciega en el porvenir de la clase trabajadora. Pero de eso hace ya mucho tiempo. Mª Teresa no duda en aproximarse a la mesita donde está el teléfono junto a una fotografía de su amado Basilio. En esos momentos, mientras disfrutan fumando en pipa, en el tocadiscos suena la canción La vie en rose, en la voz desgarrada del gorrión de París, Edith Piaf, la viva expresión de la infelicidad. Pero Mª Teresa y Basilio conforman una pareja feliz. Son felices, pese a la crueldad de unos tiempos feroces que zarandearon sus vidas por las sangrientas tierras de Europa. Supervivientes de guerras, revoluciones, cárceles y campos de concentración, encontraron en su pueblo natal la paz y sosiego que nunca habían tenido.

Mientras marca el número telefónico de unos amigos franceses que le sacarán de dudas acerca de ese revoltoso mayo parisino, contempla a su amado Basilio, vivo retrato para ella del actor Glend Ford. Sin embargo, no puede evitar recordar el momento de su reencuentro en 1945, cuando un cadavérico Basilio Mené, superviviente del campo nazi de Dachau, apenas tenía fuerzas para mantenerse en pie. Una melancólica nostalgia se apodera de Mª Teresa. Y evoca aquel pasado, mezcla compleja de sufrimientos sin cuento pero también de imperecedero amor; de desarraigos lacerantes pero también de compañerismos fraternales; de angustia abisal y de confianza en la utopía. Sin darse cuenta, vuelve a viajar, a viajar en el tiempo...

NACIDA PARA LUCHAR

El 24 de febrero de 1902 nació en Alcubierre Mª Teresa Modesta Lasheras Otal, hija de Mariano Lasheras Alvárez, natural de Alcubierre, de 39 años, labrador, y de Eusebia Otal Ardid, de 29 años, domiciliados en el número 14 de la calle del Palacio. Mª Teresa era la menor, y la única mujer, de los cinco hijos habidos del matrimonio. Los cuatro hermanos varones fueron bautizados con los nombres de Fernando, José, Rafael y Fernando. Como una fatal coincidencia, los dos hermanos bautizados con el nombre de Fernando murieron a los pocos días de nacer. Cuando murió el padre de Mª Teresa -el 28 de marzo de 1941, a la edad de 79 años- ya solamente vivían José, Rafael y Mª Teresa. José, de salud precaria, moriría joven.

Tres años más que Mª Teresa tenía el que se convertiría en su gran amor, Basilio Mené Cáncer, quien vio la luz en el mismo pueblo de Alcubierre, el 22 de marzo de 1899. Era hijo de Prudencio Mené Salvatierra, de 46 años, jornalero de profesión, y de Raimunda Cáncer Moras, de 42 .

Mª Teresa se crió en el seno de una familia de pequeños campesinos. Pese a las limitaciones propias de la época, máxime en esa atrasada España rural del interior de comienzos de siglo, Mª Teresa contó con el ejemplo y la ayuda inestimable de su madre, Dª Eusebia, lectora impenitente, dispuesta a realizar los mayores esfuerzos para darle estudios a su hija. Estos desvelos fructificaron, y Mª Teresa se hizo maestra, siendo Anciles, junto a Benasque, su primer destino. Muchos años después, esta pequeña población pirenaica se convertiría en el lugar de reposo elegido por la pareja para descansar unos días durante el verano.

En busca de un medio más propicio para su realización personal, Mª Teresa recala en Barcelona. Allí fraguaría su amor con Basilio, que había encontrado trabajo en una empresa de cableado eléctrico. Ella ejerce la docencia en un colegio de religiosas, donde muy pronto es testigo de continuas muestras de favoritismo y de trato clasista por parte de las monjas hacia las alumnas de las familias distinguidas. Estos hechos reafirmaron todavía más su conciencia social y la encaminaron al lado de aquellos que ansiaban justicia y libertad. Pero, sobre todo, reforzaron su anticlericalismo, compartido también por su marido Basilio. Su sobrina Lines Lasheras -quien amablemente nos ha proporcionado buena parte de la información de estas líneas- recuerda todavía las duras opiniones que les merecían el comportamiento hipócrita y nada evangélico observado en buena parte de los ministros de Dios: “Creemos en un Dios justo y fraterno, no en la Iglesia como institución”. 1

Mª Teresa y Basilio vivieron con gran ilusión el advenimiento de la República, de una República reformista y transformadora que haría frente a las seculares injusticias. Su honda preocupación por la educación todavía reforzó más la adhesión de Mª Teresa hacia el nuevo régimen. El golpe del 18 de julio iba a trastocar todo. La necesidad de defender a la República del zarpazo del fascismo -que desde hacía tiempo campaba rampante en buena parte de Europa- radicalizó el pensamiento político de la pareja y les condujo a una militancia activa en el partido que para ellos mejor amparaba los intereses de los trabajadores: el Partido Comunista. Desconocemos completamente la labor desarrollada por ambos en el curso de la guerra, pero nos consta su entrega en defensa del legítimo gobierno de la República. El sobrino mayor de Mª Teresa, Arturo Lasheras Suñén, nos relató, en amable conversación, una fulgurante aparición de Mª Teresa en el curso de la guerra: “... estábamos todos escondidos en las afueras del pueblo, de donde habíamos salido huyendo de un intenso bombardeo, cuando a lo lejos vemos aproximarse un vehículo que desafía el fuego incesante que cae inmisericorde sobre Alcubierre. En medio de una espesa bruma, hecha de polvo y humo, una figura femenina emerge cual espectral aparición y, levantando el puño, grita: “¡Viva la República!”. Era nuestra tía, Mª Teresa, y todos acudimos a abrazarla...”

POR LOS CAMPOS Y CÁRCELES DE FRANCIA

La derrota republicana conducirá a esta pareja a una dramática odisea por una Europa erizada de odio, fanatismo, destrucción y muerte. Como medio millón, al menos, de españoles, Mª Teresa y Basilio cruzarán la frontera pirenaica en 1939. Mª Teresa fue a parar a un refugio-albergue de la región de París, donde permaneció hasta la declaración de guerra de la nación francesa contra la Alemania hitleriana, a principios de septiembre de 1939. A partir de ese momento, y sin la menor explicación, “... fui detenida -casi en las mismas condiciones en que se recogía a los súbditos alemanes, sus enemigos- por los franceses y me condujeron al campo de Rieucros, acusada de actividades subversivas. La redada alcanzó a comunistas franceses y españoles, sin discriminación. Antes, en aquel campo, habían tenido a combatientes de las Brigadas Internacionales, a los que se llevaron al campo de Gurs, y a los que sin duda también consideraban como peligrosos”. 2 El campo de Rieucros, en Lozére, fue el primer centro especial creado para el internamiento administrativo de los extranjeros indeseables, a los que se les había aplicado un decreto de noviembre de 1938, una verdadera “ley de sospechosos”. Posteriormente, fue reservado como campo exclusivo para el internamiento de mujeres consideradas peligrosas. 3 Allí, en Rieucros, Mª Teresa compartirá internamiento con algunas significadas damas de la lucha antifascista, como la compañera del director del periódico francés L’Humanité, y la del Jefe de las Brigadas Internacionales, André Marty. También compartió cautiverio con una madre y su hijo, de tanto sólo siete años de edad, quien, andando el tiempo, se convertiría en un gran escritor francés, y cuya vida y obra no se entenderían sin su estancia en Huesca. Nos referimos, claro está, a Michel del Castillo. 4

En Rieucros, Mª Teresa padecerá las innumerables penalidades derivadas de unas instalaciones insalubres e inapropiadas para acoger a tanta gente: frío, hambre, hacinamiento, suciedad, piojos, malos tratos... Para combatir el frío invernal, las propias internas debían cortar leña en el bosque. Para hacer frente al hambre, Mª Teresa y otras compañeras cosían para las detenidas no políticas, casi todas “mujeres de la vida”, obteniendo así un dinero con el que comprar algunos alimentos. Con ellos, y con los paquetes enviados por las familias de las compañeras francesas, solidariamente compartidos, pudieron resistir. Otro enemigo no menos peligroso acechaba a las internas: el aburrimiento, la desmoralización, la melancolía... A combatir ese cáncer se entregó con denuedo Mª Teresa, mediante charlas, clases, juegos...

En 1941 se abrió una tenue esperanza de salir de este internamiento. El Consulado de México prometió facilitar la evacuación al país azteca de todos aquellos que lo solicitaran. Sin embargo, el hecho de que la mayoría tuviera sus seres queridos desperdigados por toda Francia -como era el caso de Mª Teresa- hizo que fueran muy pocas las personas que firmaran la solicitud. Sí aprovecharon dicha coyuntura para forzar al gobierno francés a que las trasladara a otro destino. Así, tras Rieucros, las autoridades de Vichy asignaron a Mª Teresa, como residencia obligatoria, Marsella, instalándola en un “... hotelito habilitado en casa-prisión, donde nos vimos obligadas a fabricar alpargatas si no queríamos morirnos de hambre”. 5 Allí, a la espera del reencuentro con su amado Basilio, Mª Teresa se consagra a la ayuda de los españoles encarcelados en varias prisiones francesas, formando parte de la Unitarian Service Comité, una organización americana de ayuda a los exiliados españoles. Por estas actividades, Mª Teresa es nuevamente detenida e internada en la cárcel de Marsella. Pese a las palizas que le infligieron sus sañudos interrogadores, Mª Teresa mantendrá una misma línea argumental en su defensa: que su labor de ayuda a sus compatriotas nada tenía que ver con la política y sí con las más elementales normas de auxilio y socorro al que sufre pri-

vación de libertad. Es conducida ahora a Lyon, donde es sometida de nuevo a feroces interrogatorios por parte de los servicios especiales de la policía de Vichy, sin que logren arrancarle ninguna información de su actividad política. Tras esta estancia en Lyon, y continuando con ese incesante periplo por cárceles y comisarías, Mª Teresa es recluida en la prisión de Aix-en-Provence, en donde permanecerá por espacio de casi un año. Aquí es procesada bajo la acusación de "asistencia a miembros de la III Internacional", estar en contacto con combatientes republicanos españoles y usar, como nombre de guerra, el apelativo Natacha -el que, parece ser, había utilizado durante nuestra contienda civil. Mª Teresa argüirá en su defensa las mismas razones que en anteriores detenciones: que sus acciones nada tienen que ver con organizaciones políticas y sí con sus deberes inexcusables como ser humano fraterno... El proceso durará ocho días, resultando absuelta por falta de pruebas, si bien fue confinada, en libertad vigilada, en la villa de Gardanne, a unos 50 km. al norte de Marsella.

Mientras tanto, ¿qué ha sido de Basilio Mené?

Tras la derrota republicana, Basilio pasó a Francia y fue internado en el campo de refugiados francés de Saint-Cyprien, donde le esperaban alambradas, playas desnudas y trato vejatorio por parte de los guardianes. Para salir de allí, se alistó en la C.T.E. (Compañía de Trabajadores Extranjeros) nº 172, siendo destinado a una base militar cerca de Burdeos, donde trabajó desde el invierno de 1939-1940 hasta que fueron rebasados por los alemanes en su fulgurante conquista de Francia. Con la ocupación, esta Compañía -como el resto- fue disuelta, pero, al poco tiempo, las autoridades colaboracionistas de Vichy, de acuerdo con el mando alemán, instituyeron, como una prolongación de las extintas C.T.E., los Grupos de Trabajadores Extranjeros, donde los españoles continuaron siendo mayoría. Basilio fue trasladado a las cercanías de Rouen, en la Normandía, en la zona ocupada por los alemanes. Allí, a iniciativa de un contratista español que trabajaba para los alemanes, es empleado en una cantera. 6 Pero, enterado de la presencia de Mª Teresa en Gardanne, decide ir a su reencuentro. Tras "laborioso" viaje en tren -tuvo que cruzar la llamada Línea de Demarcación, especie de frontera que separaba las dos zonas en que quedó dividida Francia-, tiene lugar el anhelado reencuentro en Gardanne.

¡POR FIN, EL ANHELADO ENCUENTRO EN GARDANNE!

¡Ya estaban, por fin, juntos! Sin embargo, el destino les tenía reservadas todavía grandes sorpresas. Con objeto de obtener la documentación de la que carecía, Basilio entra a trabajar en una mina como picador de fondo. Al poco tiempo, ambos reemprenden su lucha antifascista. En colaboración con otros españoles allí presentes, entran en contacto con la Resistencia, participando activamente en labores de distribución de propaganda antinazi y en la organización de huelgas, paros y toda clase de sabotajes. Su casa se convirtió en refugio de perseguidos, en lugar de reuniones clandestinas, en depósito de propaganda, de explosivos o de lo que fuera. Pero, el cerco de la policía de Vichy se va estrechando. En octubre de 1943, la policía detiene a Basilio, en la mina, en posesión de algunos impresos comprometedores. Sin embargo, la documentación más valiosa estaba guardada en el domicilio familiar de la pareja en Gardanne. Afortunadamente, cuando la policía procedió a registrarlo, Mª Teresa ya no estaba, pues se había desplazado a Marsella. Mientras tanto, Basilio, a fin de poner sobre aviso a los compañeros de su detención y librarles también a ellos de un más que probable arresto, urdió un plan de factura claramente cinematográfica. En uno de los traslados, Basilio se arrojó debajo de un camión. Creyendo que quería escapar, la policía disparó sobre él, hiriéndole en las piernas. Basilio logró su objetivo, pues, mientras le atendían, logró entablar contacto con un compañero español al que informó de lo acontecido. Mas, para Basilio, empezaba ahora un largo calvario...

DEPORTACIÓN DE BASILIO MENÉ AL CAMPO NAZI DE DACHAU

Después de durísimos interrogatorios en Marsella por parte de los servicios especiales de la policía de Vichy, y tras un mes de estancia en la enfermería de la prisión de Aix-en-Provence, Basilio fue trasladado a Lyon. Allí fue procesado, junto a otros españoles, y "...debimos ser condenados a muerte, puesto que, una mañana de abril de 1944, nos sacaron de la cárcel de Lyon a cerca de ochocientos presos, nos metieron en vagones de mercancía y nos llevaron al campo alemán de Dachau. En lugar de fusilarnos habían preferido vernos morir lentamente". 7

Por su parte, Mª Teresa logró escapar de su domicilio de Gardanne y se refugió en la montaña. La Resistencia francesa le facilitó documentación y le ayudó a alcanzar los Alpes, pasando desde entonces a colaborar con los antifascistas franceses en todo tipo de misiones clandestinas hasta la liberación de Francia.

De Dachau, el primer campo de la muerte levantado por el Tercer Reich, salió con vida un famélico Basilio Mené -apenas alcanzaba los 40 kilos-, regresando a Francia en los primeros días de mayo de 1945...

JUNTOS HASTA LA MUERTE

Este largo ensueño evocador de Mª Teresa es interrumpido por la llegada de su sobrino Mariano Lasheras Suñén, quien, como todos los días, les trae el pan recién hecho.

-"¿Tía, qué hace? ¿Hablar, como siempre, con sus amigos franceses?

-"Ya ves, hijo..., al no haber nadie al otro lado del aparato me he ensimismado recordando aquellos tiempos"...

Tiempos sombríos los que les tocó vivir a Mª Teresa y Basilio. Jean Amèry, escritor austriaco de ascendencia judía, superviviente del campo de exterminio de Auschitz, sostenía que quien ha sido sometido a tortura se vuelve incapaz de sentirse habitante de este mundo, que el ultraje de la aniquilación es indeleble, que la confianza en el mundo es irrecuperable. Buena prueba de la dramática permanencia de este estigma la daría el propio Améry, quien, incapaz de superar las heridas morales de la deportación, se quitó la vida en Salzburgo en 1978. 8

Mª Teresa y Basilio lograron superar las profundas heridas de su paso por comisarias, cárceles, campos de concentración, campos de exterminio... Tras la liberación, y al no poder regresar a España como era su deseo, se instalaron en Francia. Allí continuaron con su vida de compromiso solidario, siempre alerta ante cualquier irrupción de la Bestia... Basilio trabajará en diversas actividades, entre ellas las labores portuarias. Su último trabajo antes de la jubilación fue en una carpintería. Por su parte, Mª Teresa -que era maestra, no lo olvidemos- empezó a trabajar en la cocina y sirviendo mesas en una cantina de la empresa estatal francesa del Gas y Electricidad. Los directivos de esta importante empresa, que habían defendido posiciones claramente antifascistas durante la ocupación, le habían ofrecido a Mª Teresa el puesto que ella desease, siempre de responsabilidad. Pero la autoexigencia moral de una mujer tan generosa, desprendida y valiente como era Mª Teresa, le impidió aceptar ningún trato preferencial.

-"Quiero empezar desde abajo, como cualquier trabajador más"- había manifestado con total rotundidad. Al final de su vida laboral, acabó trabajando como cajera de dicha empresa.

Pese a los honores y condecoraciones con que fueron distinguidos por la Francia democrática por su notable y heroica contribución en la lucha contra el fascismo, el deseo de regresar a su tierra natal se impuso. Tras obtener la jubilación de sus trabajos respectivos, regresaron a España y se instalaron en Alcubierre, cerca de sus familiares. Su longeva vida les permitió disfrutar del afecto de sus sobrinos. 9 Una de las personas que más los recuerda es Lines Lasheras Teira, hija de su sobrino Mariano. Lines nos ha manifestado la enorme fascinación que sentía por sus tíos: "Para una niña como yo, la casa de los tíos era como un paraíso de luz que atrapaba la mente y el espíritu". Una fascinación que llegaba al embrujo cuando su tía Mª Teresa le relataba los episodios de espionaje en la Francia ocupada por los nazis. En sus tíos encontró, ella y el resto de sobrinos, el ejemplo más preclaro de honradez, compromiso solidario y entrega generosa a los demás. Su casa estuvo siempre abierta a todo el mundo. De su amplia generosidad es una buena prueba la donación que hicieron para la adquisición de la sede del Partido Comunista en Huesca.

Lines recuerda los consejos y comentarios, siempre juiciosos, que le hacía la tía Mª Teresa; las visitas que recibía de gente importante, sus largas conversaciones telefónicas en francés con sus amigos; sus emocionantes aventuras como espía en la Francia ocupada... Recuerda su gusto por las rosas rojas -"cuando muera quiero que nadie se vista de negro, sino de rojo encendido", dejó dicho- y por los perfumes, herencia, sin duda, de su larga estancia en Francia. Sus tíos se erigieron para Lines y el resto de sobrinos en artífices de su primera gran aventura personal, la aventura del conocimiento. Ellos alimentaron su hambre más esencial: el hambre de descubrir el mundo, el hambre de la búsqueda de la verdad. A ellos acudieron en pos del nada fácil aprendizaje de la ternura, del amor, de la libertad.

Lines recuerda a su tía Mª Teresa como una mujer resalada, que cantaba muy bien. De hecho, en multitud de ocasiones a lo largo de su dilatada vida de luchadora antifascista, debió levantar el ánimo decaído de sus compañeras con canciones y entretenimientos. Una de sus canciones favoritas era Je ne regrette rien (No me arrepiento de nada), en la voz desgarrada de su admirada Edith Piaf, bautizada como La mome (Pequeña) por uno de los primeros dueños de cabaret que la contrataron. Precisamente, así la llamaba -"Pequeña"- en su entorno más íntimo, su marido, Basilio. Cuando alguna vez se enfadaba y emergía el fuerte carácter de Mª Teresa, la invocación de Basilio, "¡vamos, Pequeña!", desactivaba toda la tensión y la devolvía a las tibias aguas de la comprensión.

Je ne regrette rien. Efectivamente, Mª Teresa no se arrepentía de nada, pese a los sufrimientos que le generó una vida de compromiso en defensa de la justicia y la libertad.

. Efectivamente, Mª Teresa no se arrepentía de nada, pese a los sufrimientos que le generó una vida de compromiso en defensa de la justicia y la libertad.

Su sobrina Lines se emociona al recordar el limpio y profundo amor que se profesaban: "un amor hecho de pasión, ternura y, sobre todo, libertad". Esta historia de amor resistió todos los duros embates de unos tiempos despiadados. Al final, sólo la muerte pudo separarlos. Se fue primero Mª Teresa, en el mes de las flores, un 20 de abril de 1995, a la edad de 93 años. Basilio, más que morir, se dejó morir. Sin ella ya no tenía sentido seguir viviendo. Cuando alguna sobrina se le acercaba, él la cogía de la mano y le decía: "¿Qué tal, Pequeña?". Cuando se le advertía del error, él insistía: "¿Dónde está la Pequeña?". Sólo aguantó siete meses sin su Pequeña. Quien había soportado el humo de los crematorios de Dachau, aquel denso humo que ensombrecía el cielo y envenenaba el aire que se respiraba, murió de pena, en Huesca, el 25 de noviembre de 1995, a la edad de 96 años.

NOTAS

1 La pérdida de la fe en una Iglesia que se aparta de los débiles y oprimidos y se arrima a los poderosos, y la constatación de las terribles desigualdades e injusticias existentes, impulsaron a muchas mujeres al compromiso político en defensa de los más desfavorecidos. Este posicionamiento de Mª Teresa recuerda al de muchas de las protagonistas del libro de Tomasa Cuevas Gutiérrez Testimonios de mujeres en las cárceles franquistas, reeditado en 2004 por el Instituto de Estudios Altoaragoneses. Así, Tomasa Cuevas manifiesta: "... fue tanto lo que me dolió lo que le ocurrió a la pobre ciega que a pesar de mis cortos años, dejé de creer (...) había algo que no marchaba, no encontraba la razón de por qué en los conventos no la admitían sin dinero, y sí la admitían si tenía una buena dote. Como tampoco comprendía que los niños de la gente bien tuviesen escuelas y no pasaran hambre, y la gente obrera no pudiese llevar a sus hijos a la escuela y pasara hambre y miseria. Hoy casi me atrevería a asegurar que aquella época marcó en mí una lucha de clases" (CUEVAS, Tomasa: Testimonios..., Huesca, I.E.A., 2004, p. 34).

2 Estos testimonios de la propia Mª Teresa fueron recogidos por M. Constante en el libro escrito por este autor y Eduardo Pons Prades Los cerdos del Comandante. Españoles en los campos de exterminio nazis, editado por Argos/Vergara, Barcelona, 1978, pp. 324-326. La cita en p. 324.

Estos testimonios de la propia Mª Teresa fueron recogidos por M. Constante en el libro escrito por este autor y Eduardo Pons Prades Los cerdos del Comandante. Españoles en los campos de exterminio nazis, editado por Argos/Vergara, Barcelona, 1978, pp. 324-326. La cita en p. 324.

3 Según Geneviève Dreyfus-Armand, desde la primavera de 1939 el Ministerio del Interior francés elaboró listas de individuos sospechosos de activismo político. Para el caso de los hombres, los primeros sospechosos fueron encerrados en el antiguo castillo de los Templarios de Collioure, última morada del universal poeta Antonio Machado. Más tarde, fue el campo de Vernet d’Ariège el que actuaría como centro disciplinario para hombres. En Argelia, el campo de Djelfa, en el Atlas sahariano, estaba igualmente reservado para refugiados considerados políticamente sospechosos. Rieucros, como ya ha quedado dicho, quedaría como centro de internamiento para mujeres consideradas como peligrosas (DREYFUS-ARMAND, G.: El exilio de los republicanos españoles en Francia. De la guerra civil a la muerte de Franco, Crítica, Barcelona, 2000, pp. 68-69).

Según Geneviève Dreyfus-Armand, desde la primavera de 1939 el Ministerio del Interior francés elaboró listas de individuos sospechosos de activismo político. Para el caso de los hombres, los primeros sospechosos fueron encerrados en el antiguo castillo de los Templarios de Collioure, última morada del universal poeta Antonio Machado. Más tarde, fue el campo de Vernet d’Ariège el que actuaría como centro disciplinario para hombres. En Argelia, el campo de Djelfa, en el Atlas sahariano, estaba igualmente reservado para refugiados considerados políticamente sospechosos. Rieucros, como ya ha quedado dicho, quedaría como centro de internamiento para mujeres consideradas como peligrosas (DREYFUS-ARMAND, G.: El exilio de los republicanos españoles en Francia. De la guerra civil a la muerte de Franco, Crítica, Barcelona, 2000, pp. 68-69).

4 DEL CASTILLO, M.: Tanguy, Ikusager Ediciones, Vitoria, 1999, pp. 26-33.

DEL CASTILLO, M.: Tanguy, Ikusager Ediciones, Vitoria, 1999, pp. 26-33.

5 PONS PRADES, E. y CONSTANTE, M. : Los cerdos..., p. 325.

PONS PRADES, E. y CONSTANTE, M. : Los cerdos..., p. 325.

6 PONS PRADES, E. y CONSTANTE, M. : Los cerdos..., p. 224.

PONS PRADES, E. y CONSTANTE, M. : Los cerdos..., p. 224.

7 PONS PRADES, E. y CONSTANTE, M. : Los cerdos..., p. 226.

PONS PRADES, E. y CONSTANTE, M. : Los cerdos..., p. 226.

8 AMÉRY, J.: Más allá de la culpa y la expiación. Tentativas de superación de una víctima de la violencia, Pre-textos, Valencia, 2004.

AMÉRY, J.: Más allá de la culpa y la expiación. Tentativas de superación de una víctima de la violencia, Pre-textos, Valencia, 2004.

9 Mª Teresa tenía, como sobrinos carnales, a los cuatro hijos de su hermano Rafael: Arturo, Celia, Jaime y Mariano. Basilio tenía sobrinos carnales en Barcelona y Argentina.

Mª Teresa tenía, como sobrinos carnales, a los cuatro hijos de su hermano Rafael: Arturo, Celia, Jaime y Mariano. Basilio tenía sobrinos carnales en Barcelona y Argentina.
La pérdida de la fe en una Iglesia que se aparta de los débiles y oprimidos y se arrima a los poderosos, y la constatación de las terribles desigualdades e injusticias existentes, impulsaron a muchas mujeres al compromiso político en defensa de los más desfavorecidos. Este posicionamiento de Mª Teresa recuerda al de muchas de las protagonistas del libro de Tomasa Cuevas Gutiérrez Testimonios de mujeres en las cárceles franquistas, reeditado en 2004 por el Instituto de Estudios Altoaragoneses. Así, Tomasa Cuevas manifiesta: "... fue tanto lo que me dolió lo que le ocurrió a la pobre ciega que a pesar de mis cortos años, dejé de creer (...) había algo que no marchaba, no encontraba la razón de por qué en los conventos no la admitían sin dinero, y sí la admitían si tenía una buena dote. Como tampoco comprendía que los niños de la gente bien tuviesen escuelas y no pasaran hambre, y la gente obrera no pudiese llevar a sus hijos a la escuela y pasara hambre y miseria. Hoy casi me atrevería a asegurar que aquella época marcó en mí una lucha de clases" (CUEVAS, Tomasa: Testimonios..., Huesca, I.E.A., 2004, p. 34).

2 Estos testimonios de la propia Mª Teresa fueron recogidos por M. Constante en el libro escrito por este autor y Eduardo Pons Prades Los cerdos del Comandante. Españoles en los campos de exterminio nazis, editado por Argos/Vergara, Barcelona, 1978, pp. 324-326. La cita en p. 324.

Estos testimonios de la propia Mª Teresa fueron recogidos por M. Constante en el libro escrito por este autor y Eduardo Pons Prades Los cerdos del Comandante. Españoles en los campos de exterminio nazis, editado por Argos/Vergara, Barcelona, 1978, pp. 324-326. La cita en p. 324.

3 Según Geneviève Dreyfus-Armand, desde la primavera de 1939 el Ministerio del Interior francés elaboró listas de individuos sospechosos de activismo político. Para el caso de los hombres, los primeros sospechosos fueron encerrados en el antiguo castillo de los Templarios de Collioure, última morada del universal poeta Antonio Machado. Más tarde, fue el campo de Vernet d’Ariège el que actuaría como centro disciplinario para hombres. En Argelia, el campo de Djelfa, en el Atlas sahariano, estaba igualmente reservado para refugiados considerados políticamente sospechosos. Rieucros, como ya ha quedado dicho, quedaría como centro de internamiento para mujeres consideradas como peligrosas (DREYFUS-ARMAND, G.: El exilio de los republicanos españoles en Francia. De la guerra civil a la muerte de Franco, Crítica, Barcelona, 2000, pp. 68-69).

Según Geneviève Dreyfus-Armand, desde la primavera de 1939 el Ministerio del Interior francés elaboró listas de individuos sospechosos de activismo político. Para el caso de los hombres, los primeros sospechosos fueron encerrados en el antiguo castillo de los Templarios de Collioure, última morada del universal poeta Antonio Machado. Más tarde, fue el campo de Vernet d’Ariège el que actuaría como centro disciplinario para hombres. En Argelia, el campo de Djelfa, en el Atlas sahariano, estaba igualmente reservado para refugiados considerados políticamente sospechosos. Rieucros, como ya ha quedado dicho, quedaría como centro de internamiento para mujeres consideradas como peligrosas (DREYFUS-ARMAND, G.: El exilio de los republicanos españoles en Francia. De la guerra civil a la muerte de Franco, Crítica, Barcelona, 2000, pp. 68-69).

4 DEL CASTILLO, M.: Tanguy, Ikusager Ediciones, Vitoria, 1999, pp. 26-33.

DEL CASTILLO, M.: Tanguy, Ikusager Ediciones, Vitoria, 1999, pp. 26-33.

5 PONS PRADES, E. y CONSTANTE, M. : Los cerdos..., p. 325.

PONS PRADES, E. y CONSTANTE, M. : Los cerdos..., p. 325.

6 PONS PRADES, E. y CONSTANTE, M. : Los cerdos..., p. 224.

PONS PRADES, E. y CONSTANTE, M. : Los cerdos..., p. 224.

7 PONS PRADES, E. y CONSTANTE, M. : Los cerdos..., p. 226.

PONS PRADES, E. y CONSTANTE, M. : Los cerdos..., p. 226.

8 AMÉRY, J.: Más allá de la culpa y la expiación. Tentativas de superación de una víctima de la violencia, Pre-textos, Valencia, 2004.

AMÉRY, J.: Más allá de la culpa y la expiación. Tentativas de superación de una víctima de la violencia, Pre-textos, Valencia, 2004.

9 Mª Teresa tenía, como sobrinos carnales, a los cuatro hijos de su hermano Rafael: Arturo, Celia, Jaime y Mariano. Basilio tenía sobrinos carnales en Barcelona y Argentina.

Mª Teresa tenía, como sobrinos carnales, a los cuatro hijos de su hermano Rafael: Arturo, Celia, Jaime y Mariano. Basilio tenía sobrinos carnales en Barcelona y Argentina.

1 La pérdida de la fe en una Iglesia que se aparta de los débiles y oprimidos y se arrima a los poderosos, y la constatación de las terribles desigualdades e injusticias existentes, impulsaron a muchas mujeres al compromiso político en defensa de los más desfavorecidos. Este posicionamiento de Mª Teresa recuerda al de muchas de las protagonistas del libro de Tomasa Cuevas Gutiérrez Testimonios de mujeres en las cárceles franquistas, reeditado en 2004 por el Instituto de Estudios Altoaragoneses. Así, Tomasa Cuevas manifiesta: "... fue tanto lo que me dolió lo que le ocurrió a la pobre ciega que a pesar de mis cortos años, dejé de creer (...) había algo que no marchaba, no encontraba la razón de por qué en los conventos no la admitían sin dinero, y sí la admitían si tenía una buena dote. Como tampoco comprendía que los niños de la gente bien tuviesen escuelas y no pasaran hambre, y la gente obrera no pudiese llevar a sus hijos a la escuela y pasara hambre y miseria. Hoy casi me atrevería a asegurar que aquella época marcó en mí una lucha de clases" (CUEVAS, Tomasa: Testimonios..., Huesca, I.E.A., 2004, p. 34).

2 Estos testimonios de la propia Mª Teresa fueron recogidos por M. Constante en el libro escrito por este autor y Eduardo Pons Prades Los cerdos del Comandante. Españoles en los campos de exterminio nazis, editado por Argos/Vergara, Barcelona, 1978, pp. 324-326. La cita en p. 324.

Estos testimonios de la propia Mª Teresa fueron recogidos por M. Constante en el libro escrito por este autor y Eduardo Pons Prades Los cerdos del Comandante. Españoles en los campos de exterminio nazis, editado por Argos/Vergara, Barcelona, 1978, pp. 324-326. La cita en p. 324.

3 Según Geneviève Dreyfus-Armand, desde la primavera de 1939 el Ministerio del Interior francés elaboró listas de individuos sospechosos de activismo político. Para el caso de los hombres, los primeros sospechosos fueron encerrados en el antiguo castillo de los Templarios de Collioure, última morada del universal poeta Antonio Machado. Más tarde, fue el campo de Vernet d’Ariège el que actuaría como centro disciplinario para hombres. En Argelia, el campo de Djelfa, en el Atlas sahariano, estaba igualmente reservado para refugiados considerados políticamente sospechosos. Rieucros, como ya ha quedado dicho, quedaría como centro de internamiento para mujeres consideradas como peligrosas (DREYFUS-ARMAND, G.: El exilio de los republicanos españoles en Francia. De la guerra civil a la muerte de Franco, Crítica, Barcelona, 2000, pp. 68-69).

Según Geneviève Dreyfus-Armand, desde la primavera de 1939 el Ministerio del Interior francés elaboró listas de individuos sospechosos de activismo político. Para el caso de los hombres, los primeros sospechosos fueron encerrados en el antiguo castillo de los Templarios de Collioure, última morada del universal poeta Antonio Machado. Más tarde, fue el campo de Vernet d’Ariège el que actuaría como centro disciplinario para hombres. En Argelia, el campo de Djelfa, en el Atlas sahariano, estaba igualmente reservado para refugiados considerados políticamente sospechosos. Rieucros, como ya ha quedado dicho, quedaría como centro de internamiento para mujeres consideradas como peligrosas (DREYFUS-ARMAND, G.: El exilio de los republicanos españoles en Francia. De la guerra civil a la muerte de Franco, Crítica, Barcelona, 2000, pp. 68-69).

4 DEL CASTILLO, M.: Tanguy, Ikusager Ediciones, Vitoria, 1999, pp. 26-33.

DEL CASTILLO, M.: Tanguy, Ikusager Ediciones, Vitoria, 1999, pp. 26-33.

5 PONS PRADES, E. y CONSTANTE, M. : Los cerdos..., p. 325.

PONS PRADES, E. y CONSTANTE, M. : Los cerdos..., p. 325.

6 PONS PRADES, E. y CONSTANTE, M. : Los cerdos..., p. 224.

PONS PRADES, E. y CONSTANTE, M. : Los cerdos..., p. 224.

7 PONS PRADES, E. y CONSTANTE, M. : Los cerdos..., p. 226.

PONS PRADES, E. y CONSTANTE, M. : Los cerdos..., p. 226.

8 AMÉRY, J.: Más allá de la culpa y la expiación. Tentativas de superación de una víctima de la violencia, Pre-textos, Valencia, 2004.

AMÉRY, J.: Más allá de la culpa y la expiación. Tentativas de superación de una víctima de la violencia, Pre-textos, Valencia, 2004.

9 Mª Teresa tenía, como sobrinos carnales, a los cuatro hijos de su hermano Rafael: Arturo, Celia, Jaime y Mariano. Basilio tenía sobrinos carnales en Barcelona y Argentina.

Mª Teresa tenía, como sobrinos carnales, a los cuatro hijos de su hermano Rafael: Arturo, Celia, Jaime y Mariano. Basilio tenía sobrinos carnales en Barcelona y Argentina.
La pérdida de la fe en una Iglesia que se aparta de los débiles y oprimidos y se arrima a los poderosos, y la constatación de las terribles desigualdades e injusticias existentes, impulsaron a muchas mujeres al compromiso político en defensa de los más desfavorecidos. Este posicionamiento de Mª Teresa recuerda al de muchas de las protagonistas del libro de Tomasa Cuevas Gutiérrez Testimonios de mujeres en las cárceles franquistas, reeditado en 2004 por el Instituto de Estudios Altoaragoneses. Así, Tomasa Cuevas manifiesta: "... fue tanto lo que me dolió lo que le ocurrió a la pobre ciega que a pesar de mis cortos años, dejé de creer (...) había algo que no marchaba, no encontraba la razón de por qué en los conventos no la admitían sin dinero, y sí la admitían si tenía una buena dote. Como tampoco comprendía que los niños de la gente bien tuviesen escuelas y no pasaran hambre, y la gente obrera no pudiese llevar a sus hijos a la escuela y pasara hambre y miseria. Hoy casi me atrevería a asegurar que aquella época marcó en mí una lucha de clases" (CUEVAS, Tomasa: Testimonios..., Huesca, I.E.A., 2004, p. 34).

2 Estos testimonios de la propia Mª Teresa fueron recogidos por M. Constante en el libro escrito por este autor y Eduardo Pons Prades Los cerdos del Comandante. Españoles en los campos de exterminio nazis, editado por Argos/Vergara, Barcelona, 1978, pp. 324-326. La cita en p. 324.

Estos testimonios de la propia Mª Teresa fueron recogidos por M. Constante en el libro escrito por este autor y Eduardo Pons Prades Los cerdos del Comandante. Españoles en los campos de exterminio nazis, editado por Argos/Vergara, Barcelona, 1978, pp. 324-326. La cita en p. 324.

3 Según Geneviève Dreyfus-Armand, desde la primavera de 1939 el Ministerio del Interior francés elaboró listas de individuos sospechosos de activismo político. Para el caso de los hombres, los primeros sospechosos fueron encerrados en el antiguo castillo de los Templarios de Collioure, última morada del universal poeta Antonio Machado. Más tarde, fue el campo de Vernet d’Ariège el que actuaría como centro disciplinario para hombres. En Argelia, el campo de Djelfa, en el Atlas sahariano, estaba igualmente reservado para refugiados considerados políticamente sospechosos. Rieucros, como ya ha quedado dicho, quedaría como centro de internamiento para mujeres consideradas como peligrosas (DREYFUS-ARMAND, G.: El exilio de los republicanos españoles en Francia. De la guerra civil a la muerte de Franco, Crítica, Barcelona, 2000, pp. 68-69).

Según Geneviève Dreyfus-Armand, desde la primavera de 1939 el Ministerio del Interior francés elaboró listas de individuos sospechosos de activismo político. Para el caso de los hombres, los primeros sospechosos fueron encerrados en el antiguo castillo de los Templarios de Collioure, última morada del universal poeta Antonio Machado. Más tarde, fue el campo de Vernet d’Ariège el que actuaría como centro disciplinario para hombres. En Argelia, el campo de Djelfa, en el Atlas sahariano, estaba igualmente reservado para refugiados considerados políticamente sospechosos. Rieucros, como ya ha quedado dicho, quedaría como centro de internamiento para mujeres consideradas como peligrosas (DREYFUS-ARMAND, G.: El exilio de los republicanos españoles en Francia. De la guerra civil a la muerte de Franco, Crítica, Barcelona, 2000, pp. 68-69).

4 DEL CASTILLO, M.: Tanguy, Ikusager Ediciones, Vitoria, 1999, pp. 26-33.

DEL CASTILLO, M.: Tanguy, Ikusager Ediciones, Vitoria, 1999, pp. 26-33.

5 PONS PRADES, E. y CONSTANTE, M. : Los cerdos..., p. 325.

PONS PRADES, E. y CONSTANTE, M. : Los cerdos..., p. 325.

6 PONS PRADES, E. y CONSTANTE, M. : Los cerdos..., p. 224.

PONS PRADES, E. y CONSTANTE, M. : Los cerdos..., p. 224.

7 PONS PRADES, E. y CONSTANTE, M. : Los cerdos..., p. 226.

PONS PRADES, E. y CONSTANTE, M. : Los cerdos..., p. 226.

8 AMÉRY, J.: Más allá de la culpa y la expiación. Tentativas de superación de una víctima de la violencia, Pre-textos, Valencia, 2004.

AMÉRY, J.: Más allá de la culpa y la expiación. Tentativas de superación de una víctima de la violencia, Pre-textos, Valencia, 2004.

9 Mª Teresa tenía, como sobrinos carnales, a los cuatro hijos de su hermano Rafael: Arturo, Celia, Jaime y Mariano. Basilio tenía sobrinos carnales en Barcelona y Argentina.

Mª Teresa tenía, como sobrinos carnales, a los cuatro hijos de su hermano Rafael: Arturo, Celia, Jaime y Mariano. Basilio tenía sobrinos carnales en Barcelona y Argentina.