La mayoría de refugiados sirios que llegaron a España en 2017 eran familias, y del total, el 48% se trataba de niños y niñas. Así lo indica el informe Travesías desesperadas, publicado por Acnur, que también muestra que las personas que llegan a España por tierra son en su mayoría de procedencia siria, y lo hacen a través de Melilla.

Pero también, el año pasado, el país experimentó un incremento del 100% con respecto a 2016 en cuanto al volumen de personas que entraron cruzando el Mediterráneo, con 28.000 nuevas llegadas. Los primeros meses de 2018 muestran una tendencia similar, con un aumento del 13% frente al año anterior. El año pasado, las dos principales nacionalidades fueron Marruecos y Argelia.

Además, el número de muertos entre quienes tratan de alcanzar España desde estos dos países se vio alarmantemente recrudecido, incrementándose casi el doble en el primer trimestre de 2018, con una de cada 27 personas que alcanzaron territorio español, mientras en el mismo período de 2017 fallecía uno de cada 52.

"Los viajes hacia y a través de Europa continúan cargados de peligros para refugiados e inmigrantes", dijo la directora de la Oficina de ACNUR para Europa, Pascale Moreau. "El acceso al territorio y a procedimientos de asilo ágiles, justos y eficaces es vital para quienes buscan protección internacional", continuó la directora, "la gestión de fronteras no es incompatible con las obligaciones internacionales de los Estados de ofrecer protección a los refugiados".

Las mujeres —especialmente aquellas que viajan por su cuenta— y los menores no acompañados continúan particularmente expuestos a los riesgos de violencia sexual y de género en las rutas hacia Europa y en algunas localizaciones del continente. Así, más de 17.000 menores no acompañados llegaron a Europa en 2017. La mayoría lo hicieron por vía marítima a Italia, donde el porcentaje de estos menores solos alcanza el 13% del total de llegadas, un dato similar al de 2016. Respecto a España, no existen datos disponibles en este aspecto.

En el caso de Grecia, el número de llegadas el año pasado descendió frente a 2016, pero entre mayo y diciembre de 2017 se observó un incremento de las mismas (24.600, por 18.300 en el mismo período del año anterior). La mayoría procedían de Siria, Irak y Afganistán, y muchos de ellos eran familias con niños. Los solicitantes de asilo llegados a Grecia sufrieron prolongadas estancias en las islas griegas, en situación de hacinamiento y en precarias condiciones, según explica el informe.

En cuanto a Italia, las llegadas por mar —la mayoría desde Libia— se redujeron notablemente desde julio de 2017. Este descenso continuó durante los tres primeros meses de 2018, con una caída del 74% respecto al mismo periodo del año anterior. Sin embargo, del mismo modo que en el caso de España, el viaje a este país se volvió más peligroso, con una persona muerta de cada 14 que consiguió llegar en el primer trimestre de 2018, en comparación con los datos del mismo intervalo de 2017 (1 de cada 29 personas).