Según el Instituto Nacional de Estadística, España tiene una población inmigrante de un 12%. Si el mundo fuera de nuestras aulas es tan diverso, tenemos que hacer todo lo posible para representar esta diversidad dentro de las aulas. Sin embargo, hay quienes insisten en la importancia de segregar y separar al alumnado inmigrante no hispanohablante del resto del grupo. Aunque algunos de sus argumentos pueden resultar defendibles, a menudo los resultados son perjudiciales no solo para los y las inmigrantes, sino también para el alumnado autóctono.